Mi fiebre Emma Cohen

No importa si fue por Tigres de Papel, El conde de Montecristo o la dulce gallina Caponata. Emma fue y será siempre mi amor platónico, y claro, Fernán Gómez mi más amado odiado. Amado por todo lo que su obra me regalaba, pero odiado por robarme a quien amaba.
Como todas estas fiebres azotadas por el lanzallamas de la pubertad, la pasión platónica se hubiera muerto muy probablemente con haberme cruzado con ella y haber descubierto que sus ojos no eran tan penetrantes, que su pelo no era real y que esos labios con los que yo soñaba, sólo eran espejismos provocados por el grano del celuloide o del ruido de los tubos de televisión.

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Me hice anarquista para verla. Me integré en los grupos de apoyo a las asambleas vecinales que partían de la calle Libertad, y cada día antes de salir y de vuelta de la calle, me paraba con la vista perdida en el fondo del pasillo imaginando que ella, durante unos segundos, lo cruzaría. Pero nunca sucedió.
La busqué con la mirada en los rodajes que de vez en vez recalaban por el parque de Berlín. Soñé que aparecería por las asambleas que lucharon por los cierres de los centros culturales de la Prospe. Alguien dijo que la vio. Yo no.

Y la vida dio vueltas y más vueltas, y finalmente, infatigable destino, hizo que nuestras vidas se cruzaran. Solo unos segundos. Y no fui yo quien la vio. Fue ella quien me vio a mi.

Estaba en Peñíscola, en el festival de cine de humor, de no recuerdo qué año. Mi habitación tenía unas bonitas vistas a la playa y tengo la costumbre de abrir las cortinas nada más llegar a los hoteles y nunca cerrarlas.
Con Santiago, como siempre, esperándome en el hall, y el tiempo justo para llegar a la ceremonia, me quité la ropa que llevaba. Sólo con los calzoncillos puestos me empecé a poner el pantalón. No recuerdo porqué, pero sé que me estaba costando meterme en ellos. En una vuelta a la pata coja, con los pantalones todavía por el suelo, me encontré de frente a la ventana y justo en ese momento bajaba un ascensor exterior, completamente acristalado pasando a escasos metros de mi. ¿Y quien iba dentro? Sólo ella. La mismísima Emma Cohen, también es casualidad, mirando en mi dirección. Me vio y abrió sus enormes ojos con gesto de sorprendida. No puedo recordar que cara puse yo, pero la imagen debía ser tan ridícula que Emma no pudo evitar reírse. Con gran dolor de mi corazón debo confesar que no pude verla. Creo que porque andaba botando para intentar subirme rápidamente el pantalón, y supongo que también por mi estúpida timidez obelixiana que me hizo apartar la vista o apartarme a mi mismo de aquella ventana.

No pude comprobar la veracidad de su mirada, la profundidad de su pelo, ni el perfecto dibujo de sus labios, pero sí que pude recordar aquella espontánea expresión tan divertida que descendía con aquel ascensor hacia los pisos inferiores. Me senté en la cama, completamente ruborizado, intentando digerir lo que acababa de vivir. Tantos años esperando ese momento y había sucedido así.

Esa noche, en la ceremonia, me tocó estar junto a Fernando en el entarimado que se había montado sobre las ruinas del castillo. Y podría jurar que le salvé de caer muralla abajo por una grieta abierta detrás del escenario. Sólo puse mi mano para evitar que siguiese andando hacia atrás mientras miraba al público agradeciendo sus aplausos. Me miró, le señalé la sima y gruñó con ese gesto tan suyo “¡Coñó!”.  Me sentí muy bien. Estaba curado.

Justino (y la Cuadrilla) en Dalas

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El pasado 3 de marzo, a las 17:30, se proyectóe Justino, un asesino de la tercera edad en el Meadows Museum, de Dallas, dentro del ciclo “Pata Negra” coordinado por la librería Wild Detectives y en colaboración con la editorial logroñesa Pepitas de Calabaza.

Alli estuvo Santiago y cuenta que, sorprendentemente, los americanos pillaron todos los chistes y se lo pasaron muy bien con la peli. Un placer que los charcos no sean tan grades para esto del humor.

Sucedió en:

Meadows Museum
5900 Bishop Blvd.
Dallas, TX 75205

Mi primer anucio

Allá por los ochenta y pocos, me metí por primera vez en esto de la publicidad. Lo hice de la mano de Martí Perarnau que en esos momentos ponía en pié Strange fruit (videomedia). Por allí recayó una agencia que llevaba la cuenta de Sólido jeans.

Fue un rodaje muy divertido, con un grupete de chicas y chicos que lo hacían genial. Recuerdo que me entretuve bastante en el casting hasta dar con lo que quería. Quería sexo, ritmo, valentía y elegancia y encontré las cuatro chicas que encarnaban cada uno de esos conceptos a la perfección. Los chicos, ya lo siento, estaban para enfatizarlas.

Gracias a una de ellas que al no encontrarlo en la red, me escribió para intentar localizarlo, se localizó finalmente una cinta de brutos y se pudo montar la pieza. (Recordad que en esos años no había internet)

La fotografía me la hizo el amigo Flabio Martinez Labiano, la producción Pedro xxx, el casting creo recordar que  Elena Arnau y el montaje original lo hice con Fernando Ribes (Videomedia)

Elegía por un cineasta

Santiago Aguilar

Publicado el 05. Jul, 2015 en la cuadrilla, recuerdos

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Hace aproximadamente un  mes fallecía en Madrid el cineasta gijonés Florentino Soria. Y utilizamos el termina cineasta no en el sentido restrictivo que se le suele dar, como sinónimo de director, sino en el más amplio que el termino permita abarcar. Porque Florentino fue antes que nada un cinéfilo irredimible, pero también gestor, guionista, actor natural…

Supimos de su existencia casi en paralelo, como presencia connatural en los repartos berlanguianos, y por el irreprimible sentido del humor que destilaba la correspondencia oficial que había dejado en la Filmoteca Española, cuando la abandonó tras haberla dirigido durante casi cuatro lustros. Fueron los años en que la Filmoteca abandonó las catacumbas y pasó a ser un archivo comprometido con la conservación del patrimonio. (más…)

Perros feos

El perrito Ganador

Esto no es un programa de la RAI, ni una idea enloquecida de algún canal digital para emitir de madrugada. Esto pasa en el mundo real y la gente se presenta con “eso” al concurso. La pregunta que me hago es que si un cuidador de perros prepara, limpia, entrena, adecenta y abrillanta a su perro para un concurso de perros guapos, ¿Que harán los amos de estos pobres canes para preparales antes del concurso? No lo quiero ni pensar. Eso sí que sería un buen programa de madrugada, su protagonista: El animal (el de dos patas).