Nuestros gérmenes

Acabo de enterarme que Pato WC no va a anunciarse en La Noria.  Por una vez no voy a ser fiel a mis principios, que en realidad es uno: No dejes pasar jamás la oportunidad de hacer un buen chiste.  Y no lo voy a hacer, no por deontología profesional, que no sé lo que es, sino porque de puro fácil el chiste es malo.

No creo que esto que está pasando sea nada bueno. Y para analizarlo, que no es fácil, hay que empezar por desligarse del desgarro y del hedor del caso en cuestión, de la madre, del niño y de la ralea de gente sin escrúpulos que deambulan por él. Es indispensable verlo con distancia perdiendo el foco de sus protagonistas.  Me refiero al hecho concreto de que la publicidad decida qué programas, o qué contenidos son los adecuados para sus anuncios. O qué tono debe tener un chiste para que no ofenda al amplio target del anunciante, o que noticia no debe de ir tras un anuncio en un diario digital. Mal  camino. La publicidad, me consta, es temerosa. Lo sufrimos quienes trabajamos en ella. No le gustan los riesgos, y lo entiendo, pero hasta ahora la publicidad se había desligado de los contenidos. Ningún espectador, hasta ayer se fijaba en los anuncios que salían en un determinado corte para valorarlos respecto al programa en el que se incluían. Era algo que todos, espectadores, productores y anunciantes dábamos por bueno, y no funcionaba mal. Tu haces un determinado programa, con un target determinado y unas cifras de espectadores y las centrales de medios posicionaban ahí sus anuncios porque ahí estaba su gente. Todo lo demás pertenecía al criterio de la cadena, si pierdes público el anunciante se irá y si tu target cambia, también. Estas eran las reglas y no escrito en ellas estaba que los bloques publicitarios son terreno neutral.

Una cierta predilección por una cadena, entendida como grupo político-socio-cultural, no es mala, pero nunca esa querencia ha pretendido influir.

Si, abierta esta herida, se da por bueno que los anunciantes elijan tonos, contenidos o programas, nos llevará irremediablemente a que sea el anunciante quien, en última estancia y aunque sea indirectamente, dicte las normas editoriales de la producción televisiva, y sea finalmente el miedo a molestar el que nos deje una caja realmente tonta y anodina.

Vaya por delante que presionar las heridas todavía abiertas para conseguir audiencia, me parece sórdido y feuno, esta y todas las veces anteriores, pero pienso que en canales privados, el camino para erradicar eso es no viéndolas, y si es ilegal denunciándolas y si nos parecen deprorables, deprorándolas, y en nuestro caso proponiendo otras opciones viables a las cadenas, pero la asfixia de guante blanco me parece, cuanto menos, peligrosa. Hemos tenido momentos televisivos parecidos a la mamá-cuco y se armó la marimorena, pero la publicidad no entró a juzgar. Y a nadie le extrañó que no lo hiciera, porque ente otras cosas, y no me acuerdo de quién lo dijo, si juzgas puedes ser juzgado. Yo ahora mismo les estoy juzgando, (al tiempo que me quedo sin trabajo), pero es que abierta esta caja de Pandora, muchos pequeños seres como yo pueden  empezar a juzgarlos por salir en tal o cual programa. Mal camino. Creo que la publicidad no puede, ni debe exponerse a eso.

No sé si el asunto tiene vuelta atrás, pero si yo fuese cualquiera de las partes, silvaría, me metería una mano en el bolsillo y con la otra señalaría una grulla o un avión volando. Para distraer.  Si la publicidad gana, pierde, y si Telecinco da un paso atrás en ese órdago, perdemos todos, no ya la Noria, perdemos la libertad de ver lo que nos de la gana, la libertad de contar, la libertad de reírnos, la libertad de criticar y otra libertad que como les pasa a los políticos últimamente, no recuerdo.

Nunca he visto la Noria, ni el DEC, ni Sálvame, pero no quiero ni por un momento pensar en que un anunciante retirara sus anuncios de cameracafé porque hubiésemos hecho un chiste de algún tema sensible para el anunciante, y al final Telecinco tuviese que “corregir” los guiones de la serie con el visto bueno del anunciante. ¿Qué hubiera pasado en este caso? ¿No nos habríamos levantado todos en armas contra la censura? ¿No hubiéramos pedido todos, industria y telespectadores, a Telecinco que ni un paso atrás? ¿Cuál es entonces la diferencia? ¿La limpieza del producto? ¿La suciedad de la entrevista? ¿Y quién marcará los límites de porquería?

Aquel anuncio genial.

Ayer un famoso humorista español me contaba la anécdota de que trabajando en un pueblo, se quejó al alcalde porque “Los hijosdeputa de los niños” no le dejaban trabajar. El alcalde levantó el dedo y le dijo. Cuidado chaval que esos hijosdeputa son nuestros hijosdeputa. Por el mismo precio, valga esta anécdota también para que los ciudadanos votantes puedan decirle a los mercados que cuidado porque ese Berlusconi era nuestro Berlusconi y, trayéndolo por los pelos, para poder cerrar elegantemente la diatriba, les diré con muchísimo respeto a los señores de Pato WC, que cuidado, porque estos gérmenes son nuestros gérmenes.

 

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Bueno. Ya se me va pasando.

¡Qué sofoco por dios! Siento mucho escribir esos ladrillakos en el blog, pero es que uno tiene su corazoncito y hay cosas que duelen.

Y además, ya se tiene una edad para saber que estas cosas pasan , y mira que hemos oído veces eso de que para aliviar un golpe lo mejor es otro en el mismo sitio, pero que hasta que no te pasa no te das cuenta que eso sólo era un chiste. Y que gracia tiene muy poca. Como mis pelis: humor negro tan negro que no te ríes. Un ejemplo: Visto en “El burro flaco” que creo que es una película checa rodada allá por los 60, donde un señor con unas botas recién compradas, le pisa su grillo a un niño de la calle. El niño se aleja llorando con su grillo aplastado, mientras el hombre lamenta haberse ensuciado sus relucientes botas. El llanto del niño hace reconsiderar al caballero y en un gesto que le honra, le llama y le dice que le muestre al grillo. “Has tenido suerte chaval, soy médico y puedo resucitarlo” El niño salta de alegria y esa misma tarde acude a la casa del médico para ver si lo ha conseguido. Quien le abre la puerta es una seca enfermera que le dice que su grillo está bien. El niño se emociona y pide que se lo den. La enfermera le explica que no se lo va a poder llevar porque era un grillo muy simpático y el médico se lo ha regalado a su hijo”. Es un chiste muy checo, muy negro, sin gracia, pero es un chiste de golpe sobre golpe.

Pues hoy hasta me hace gracia y me río de esto, y como siempre, de todo lo demás. Eso es buena señal. Ya he recuperado el sentido del humor y pido perdón por haber destrozado la parada, incendiado el autobús, agredido al vigilante jurado en su orgullo, insultado a esa señora, arrancado el peluquín al caballero, por no haber dado propina al taxista y por haberle pintado un bigote a la Esteban en la tele de plasma de El Corteingles.  Ahora que estamos demostrando que los españoles sabemos guardar las formas, voy yo y la cago. No he metido lo del ladrillako del blog entre los actos bandálicos, porque no habiendo denuncia, supongo que las quejas sólo son por su extensión y no por su contenido. Prometo ser más breve en lo sucesivo. (A ver cuantas palabras llevo. mmm bsss…) ¡Uy, ya estamos otra vez! ¡Y todavía me queda des-ofender de lo del cámera a los de telecinco.  Si es que no tengo arreglo. Bueno, resumidito:

No hice (No hicimos) Justino 2 por no ser pesados. Ojo que no tengo nada con los que hacen segundas partes, pero a mi no me suelen gustar. Ya sé que no se ha planteado en estos terminos, pero si hubiera sido así, yo hubiera dicho que no. Traduzco: Yo no habría hecho el cámera otra vez, ni conmigo ni sin mi. Tampoco le hubiera dejado morir tan prematuramente, ya lo sabéis, pero, al ritmo que se programaba,  no hubiera durado más allá de una, como mucho dos temporadas más. Conociendo el producto, la solución que planteé en su momento y en la que casi nadie creyó, pensé que era la más apropiada. Esa, sí que la hubiera hecho, y si haciéndola no me hubierais puesto al frente, no sé cuantos peluquines llevaría arrancados. No quiero ni pensarlo. Puede ser que por quitarme la espinita, pero todavía hoy sigo pensando que esa era la mejor solución para poder hacer tres o cuatro temporadas más. Iluso de mi.

Dicho esto, estoy de acuerdo en que efectivamente, si el cámera tiene alguna posibilidad es diferenciándolo.  No me desdigo de lo dicho en la entrada anterior ojo, dije que en este caso el traje (formato o fórmula) no es garantía de éxito, lo sabemos por muchos países, incluido el nuestro, y que fue la gente (también su buena programación admito) la que le hizo triunfar .  Como esa gente ya no está, es obligado cambiarlo y que otra gente con otra idea pruebe suerte. Duele pero es así. Y reconozco también, esfuerzo de contricción importante, que era previsible que no queriendo hacer el cámera de nuevo, hubiera movido Roma con Santiago (Uy, los dos poderes de nuestra tele), para hacer mi propuesta. Previsión acertada. Fijaros que hasta entiendo los modos, por feos que parezcan, porque si hubiera tenído la más mínima oportunidad, hubiera montado una acampada (pacífica) para luchar por mi propuetsta. Lo veis, desgraciadamente estábamos condenados a no entendernos. Y en un mundo tan pequeño, es toda una faena, porque ahora me siento como el que vi¡ve  alejado de la city pero es feliz porque tiene un centro comercial al lado, y un día, el único panadero del centro decide que todos los días, antes de vendérsela, va a darle con la chapata en la cara. Y ahí le tienes al hombre que ya se ha hecho a ello y diariamente viene con su chapata y su cara llena de harina. Y es feliz.

Nada más.

Aviso que soy celíaco.

Buff. Qué dificil es esto de la tele por dios.

PD.: Había gente muy buena en el equipo que harán su trabajo tan bien como antes y que no tienen porqué pagar mi intesidad.

 

Os voy a contar una bonita fábula acerca de lo nuevo y lo viejo.

Creo que es fácil de entender que nos resulte simpática esta nueva idea de telecinco. Es importante saber que unos meses antes de cerrarnos las puertas de la cadena dijeron aquella bonita frase de: “El cámera está muerto”. Nosotros dijimos que no, que si lo volvían a poner en su franja y mantenían el horario y duración la cosa pitaría de nuevo. Nuestra frase se perdió en su propio eco. Pero bueno, nunca es tarde para rectificar, y ya se sabe que además, hacerlo es de sabios. Me alegro.

Ahora viene lo nuevo queriendo romper con lo viejo. Yo, sigo siendo el mismo necio de siempre y creo que si no llaman al grueso del equipo no será lo mismo. Hablo del equipo artístico, pero también del que se mueve tras las cámaras. Y no hablo de mi mismo porque ya es archisabido que la máquina, perfectamente encajadas sus ruedas dentadas, se movía sola. Los sabios dicen que hay que ponerlo casi todo nuevo porque lo que vale es el traje y no las personas que van dentro. Ya les digo que conmigo que no cuenten. Y así lo hacen y no les culpo. ¿Debería hacerlo aunque todo el equipo fuese nuevo? No. Lo haría si lo único que me moviese en la vida fuera la pasta, pero para mi desgracia, creo en los proyectos y me involucro en ellos. Me involucro tanto que llego a ser cansino. Me huyen los directivos por los pasillos. Llegaron a odiarme en aquellas reuniones del casting del cámera. Esos actores tan diferentes a lo que era habitual, se les atragantaban. “Son muy feos” tuve que oír en varias reuniones, y mi pobre productor intentaba que cediese en alguno y pusiese algún guaperas para dejarles contentos. Pobre Nocetti, la cara que se le ponía cuando le decía lo mismo que ahora “O todo o nada”.  O esos guiones, de un humor distinto al que solían ofrecer las generalistas, tan atrevidos, tan surreales, tan malos algunos. Costó mucho que entendiesen que aquello no iba a ser más de lo mismo, y que todas y cada una de las piezas iba a jugar su papel. Aforrtunadamente, en algún momento de lucidez, Vasile, Carulo, Oscar, Revaldería y algún otro supieron verlo y tuvieron su recompensa. Cinco años de buen share y un formato, o la versión española del mismo, que se exportó a un montón de países latinoamericanos. Infeliz de mí, creí que más allá del pequeño formato habían entendido que a veces las reglas no funcionan y que en determinadas ocasiones, la gente que va dentro del traje es importante. Veo que no es exactamente el mensaje que les llegó.  Ese era el secreto de ese cámera: La gente. Toda la gente.

Ahora hay un nuevo cámera, que no es ese. No conozco a las personas con las que están rellenando el traje y no sé cual es el criterio de entrada. Que seguro que lo hay, pero que yo no lo conozco. Más allá de mi sentimiento personal por la injusticia que se comete con la gente que hasta el año pasado trabajó fuerte y bien -entiendo que la injusticia es una medida bastante subjetiva- todo el mundo, incluida mi gente, tiene que entender que no quiera formar parte de algo que empieza queriendo dejar fuera a más de la mitad de los actores y a casi la totalidad del equipo.  Siento no tragarme lo de que lo nuevo refresca. A mi lo que me refresca es lo que no se ha hecho antes, lo valiente, y demasiadas veces eso, no es lo que algunos llaman nuevo. Lo siento pero no voy a moverme del sitio. Esa es mi decisión. O estoy con todas las piezas, o no estoy. (Sigo con mi peli que como en todo lo que hago, estoy echando el resto)

Que me duele la decisión. No os podéis imaginar cuanto. No le deseo este mal trago a nadie y no sé qué puede haber peor que esto. Dicho lo anterior, les deseo lo mejor en su nueva andadura y a la gente que va a estar, que lo disfruten tanto ahora como lo disfrutamos ayer. Entra dentro de lo probable que me pase a llevarles un roscón en reyes. (Si me dejan entrar en Telecinco claro)

… y comieron perdices y bla, bla bla.

Francisco Maestre (Mérida, Badajoz, julio de 1957 – Madrid, 27 de enero de 2011)

Maestre. Francisco, Kiko, Paco. Carne de esperpento. Excesivo y barroco siempre.

Nacido para interpretar a Nieva. Premio Max por “Pelo de tormenta”. Lo contaba con el indisimulado orgullo de los humildes.

Voz tonante, físico imponente. Vamos, que imponía. Zarzuelero. Profesional generoso de ocurrencias. Independiente, irreductible. Trabajador consciente y comprometido. Y batallador a la hora de las reivindicaciones, faltaría más.

En cine, un paso por detrás del protagonista, sabiendo cómo no ahogarlo con su humanidad. Ilusionadísimo cuando le ofrecieron ser chico Almodóvar.

Espectador de lágrima fácil. Cocinillas. ¿No había ascensor o es que siempre estaba estropeado en aquél caserón de la calle Alcántara en cuyo piso más alto vivía? “¡Así, cómo no voy a adelgazar!”, decía.

Casi treinta años de amistad. ¿Quién interpretará ahora al barítono venido a menos que se busca la ruina cuando le ofrecen trabajo en un teatro sito frente al convento en el que diariamente hace cola para comer doble ración de sopa boba?

Podría suscribir aquel epitafio que, entre bromas y veras, ideó para sí mismo Edgar Neville: “Al fin me quedaré en los huesos”.

¡¡Que muera Emiliano Ruiz!! (Vaya chorro de voz)

Chao Paco. Nos vemos.

La mejor “sosada”

Ayer di sentido a un año de trabajo. Así como lo cuento.

¿No parece fácil tal cosa no? Pues mira por donde más de lo que a veces pensamos. Había acabado de cenar y estaba preparando el ordenador para ponerme a escribir un guión que tengo en la cabeza, cuando sonó el teléfono. Vaya por delante que no suelo escribir nada de mi s amigos o de mi familia. Porque no me gusta. Era mi madre. Estaba emocionada. Mi padre y ella habían estado despiertos la noche anterior hasta las tres y pico de la madrugada. Obligado hacer constar en este punto que mis padres rozan, por encima y por debajo,  la ochentena. ¿Y que pueden hacer dos personas de tan avanzada edad a las tres de la mañana? me preguntaréis. Pues reírse. Según ellos a mandíbula batiente. Tanto que, queriéndose acostar no lo hacían por lo bien que se lo estaban pasando. Se le trabucaban las neuronas a mi madre intentando recordar los mejores fragmentos mientras oía apostillar a mi padre por detrás discutiéndole a la interlocutora cuales eran los mejores gags, quitándose la palabra casi sin respeto. Luego vinieron las mil y una preguntas sin respuesta ¿pero porqué lo ponen a estas horas? ¿Porque no se hacen más? ¿Será porque como se hacen chistes muy negros no lo pueden poner a horas normales?… No pude contestar ninguna, pero a ella no le importó. Antes de colgar me dijo: “Hoy nos hemos levantado un poco más tarde porque esta noche queremos repetir. Has hecho muchas sosasadas hijo pero esta es buenísima” Colgó y todo un año de trabajo, de alegrías y sinsabores cobró sentido de repente. Sólo por esto ya ha merecido la pena hacer Fibrilando. Ha merecido mucho la pena.

Espero que todos los que trabajasteis, apoyasteis  o la cagasteis le encontréis también el sentido.

Una china en el zapato

Parecía que no, pero las cosas realmente están cambiando. Lo noté ayer cuando pasé por la esquina de la calle Príncipe de Vergara con Alcalá. La tienda que llevaba ahí toda la vida. La que me quedaba yo mirando desde el 124  camino del colegio, esa tienda llena de papeles de colores, bolsas y cajas de cartón de todos los tamaños y formas, ya no está. Bajo el cartel “La casa de las bolsas” hay ahora uno de esos naranja fosforito con un “Se alquila”. Nunca en ese escaparate se atrevieron a poner un cartón tan feo. Lo que son las cosas.

No hace un año que había pasado por allí, atraido de nuevo por ese escaparate que ví desde un taxi, y cierto es que los precios de las cajitas y bolsas de colores, me parecieron un poco de otra época. Aclaro: Más caros. Calidad indiscutible, pero pagada a precio de azafrán. Una familia de toda la vida regentaba el local y se les notaba el aire de orgullo del que vende calidad y que no entendía porqué la gente podía comprar bolsas hechas en Taiwan. Esto ya lo había vivido yo años atrás. Era la época de Adolfo Suárez y en España sucumbían masivamente las empresas familiares mimadas por el régimen. Morían aplastadas por anónimas europeas y americanas con sistemas de producción novedosos. Ya entonces se utilizó aquello de “Si, el precio es ridículo, pero ¿Y la calidad? La calidad debe de ser como la inteligencia emocional: Una fórmula con muchas variables. Variables que no nos favorecieron.

No existe movimiento hacia un lado con un contra-movimiento hacia el otro. Se cierra lo viejo y se abre lo nuevo, pero ¿Que es lo nuevo? ¿Que negocio se abre hoy con la que está cayendo? Que yo sepa lo único que no ha parado de abrirse son los negocios chinos, en cualquiera de sus variedades: Restaurante oriental, todo a cien, “frutos secos” o más recientemente “hiper chinos”. Negocios muy respetables y nobles todos ellos, pero pienso en los niños que van mirando los escaparates desde el coche. ¿Cual de estos negocios ofrece mejor  escaparate? Lo intento pero no consigo visualizar ninguno ¿Hacen escaparates los chinos? Si, pero así a bote pronto me viene a la memoria una estantería de perfil metálico con agujeros y la mercancía amontonada con un gato (el de “Mixta”)  moviendo su brazo arriba y abajo, como llamándote, rodeado de medias, pinta-labios, llaves alen, regletas de luz, pamelas, cinturones y tazas. Todo ello con un único denominador común de provenir de China, que no es moco de pavo. No menos batiburrillo se aprecia en los escaparates de las tiendas de “frutos secos”.  Lo del amontonamiento sin sentido es gracioso, entretenido y hasta le podríamos encontrar su toque surrealista, pero desde el coche no se ve.

“Frutos secos” en google maps

Ahora resulta que en china quieren cambiar lo de ir andando o en bici por el coche. Con el consiguiente efecto demoledor de nuestra capa de ozono, la que hasta ahora sólo osábamos cargarnos nosotros. ¿Que pasará entonces con los escaparates si los chinos empiezan a verlos desde el coche? ¿Harán el gato llamador enorme y le colocarán unas llaves alen gigantescas y una enorme regleta de poliespam, renunciando a todo lo demás? ¿Y los “frutos secos? Tendrán que decidir si ponen una gran bolsa de kikos o un sobre-dimensionado pack de latas dobles de cerveza chorreando gotas frías. Y entonces ¿Que sentido tendrá llamarse “frutos secos”. Me encantaría ver lo que está pasando con los escaparates en china, probablemente algo muy parecido a lo que está pasando con su consumo, pero lo que es un hecho, es que si ellos van en un sentido, nosotros vamos en el contrario. Nosotros les estamos dando las grandes y glamurosas marcas occidentales, tienen dinero para eso, y nosotros nos estamos quedando con sus llamativas baratijas. Un poco lo de los indios del territorio americano:  Baratijas por territorio. Los escaparates chinos nos van a obligar a coger menos el coche y pedalear o patear las callles para fascinarnos de cerca con todo lo que nos ofrecen.

Efectivamente los tiempos están cambiando en oriente y occidente. Será importante que lo encajemos bien y nos sintamos a gusto dentro de nuestros nuevos trajes.

El otro día me pasé por el chino de siempre para comprar cervezas. Como hacía tiempo que no iba por allí, la chinita me regaño dulcemente. Quise explicarle que habían abierto un chino al lado de mi casa, pero cuando iba a decir “chino” me quede cortado. Como coño le dices a un chino que han abierto “un chino”. ¿Que lo han abierto en canal? Tras breves balbuceos, dije “…es que han abierto otra tienda de frutos secos al lado de mi casa” Ella se me quedó mirando con cara de no entender nada ¿”Frutos secos”? “Este tío es idiota” debió pensar. Yo, bastante colorado por el callejón tan tonto en el que me había metido, cogí las cervezas, pagué y me fui sin más, pensando que si le hubiera dicho que habían abierto un chino, lo hubiera entendido perfectamente y que el gilipoyas soy yo por creer que por eso se van a ofender.

Camino a casa seguí pensando y realmente llegué a la conclusión de que me daban mucha envidia los chinos porque se reconocen como chinos, sin que eso les suene mal  y que realmente solo es despectivo en nuestro atrofiado cerebro. Saber lo que es uno y sentirse bien dentro del paquete no es ninguna tontería. Muy al contrario puede ser uno de los secretos para ser feliz y disfrutar de lo que te rodea sin problemas ni complejos. Si lo nuevo es menos soberbia y sentirse a gusto pensando en pequeño, pues que le den a la calidad, porque la fórmula funciona.

Por cierto que hablé el otro día con Joaquín Reyes para decirle que nos habíamos reído en casa con su museo. Me dijo: “Nosotros estamos muy contentos con el producto”.

¿Que hay de nuevo viejo?

Llevo tanto tiempo en esto de la tele que me puedo permitir hablar un poco mal a sus espaldas. Ahora puedo porque no estoy dentro.

En la tele todo el mundo se queja, los que están delante y los que están detrás. Que todo se repite, que vale ya de la misma mierda, que a ver cuando hacen algo nuevo… A bote pronto se me ocurren dos preguntas: ¿Mierda, es lo mismo para todos? y ¿Nuevo es siempre lo contrario de viejo? El concepto nuevo es igual de indeterminado que los conceptos: bueno, malo, gracioso o transgresor. A mí no me transgrede prácticamente nada y hay personas en cambio que les transgrede casi todo. Nuevo es, o se supone que es, lo que no has visto hasta ahora, y efectivamente, que correspondan a esta definición, pocas cosas hemos visto recientemente, pero haberlas las ha habido. Tímidamente las cadenas nos han dado diversos productos nuevos de diferente pelaje y cierto es que muchas de ellas han sido bien recibidas por grupos de personas diferentes. ¿Diferentes? ¡Vaya! Eso no era lo esperado. Lo diferente es minoritario y lo minoritario es sinónimo de patada en el culo y a la calle. A la calle o alguno de los canales de restos que son, junto con internet, los canales a los que han sido expulsados los que consumen de manera minoritaria productos minoritarios. Ya está. Probado el producto “nuevo”, fracaso y vuelta a hacer lo de siempre. “El público manda”.

Acordaros del 2009, año horribilis para Telecinco. Año en el que, por lo que sea, la cadena decidió que ya era hora de hacer tele de la buena. Se sacudieron el tomate y con él, todas sus coletillas, faldoncillos y derivados, y directamente entraron en barrena. Una cuesta abajo que les ha costado perder la holgada mayoría y les ha traído de calle hasta que han vuelto a llamar a Jorge Javier y su circo mediático. Aún con todo hay que felicitar la rápida reconducción.

Moraleja ni te muevas, debió ser la conclusión y creo que es acertada porque se ha demostrado, sin demasiado descalabro, que el público que ve su cadena espera ese tipo de contenidos. Y además les gustan. Quien quiera demonizarles por eso se equivoca. Telecinco es una empresa privada con ánimo de lucro y consigue su lucro vendiendo cosas que mucha gente quiere comprar. Y con ello el mundo no se ha vuelto loco, porque “mucha gente” no se puede confundir con “toda la gente”, entre “toda la gente” hay muchos públicos. Lo que si ha localizado telecinco es una gran bolsa de un público al que le gustan esa cosas. Las demás bolsas de público existen pero son minoritarias y por ello sólo pueden ser objetivo de cadenas menores.

Por lo tanto, hacer productos nuevos que le gustarán muchísimo a un público pequeño o que ni siquiera está sentado delante de la tele es inútil. Podría esperarse que ese público fuera sumándose poco a poco, pero eso, desde el fenómeno cámera no se ha vuelto a dar. Las empresas televisivas ya no pueden confiar en el crecimiento de nada porque ahora tienen a sus enemigos pisándoles los talones y un paso en falso es fatal.

¿Como hacer algo nuevo entonces para un público que quiere ver lo mismo? “Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo” decía Einstein. ¿Distintos? ¿Como los del 2009 quizás? Le contestaría alguien de la cadena. Virgencita, virgencita, que me quede como estaba, diría finalmente mi abuela. ¿Quien pagará entonces productos de gente de aquí, que quiere hacer cosas nuevas para otros públicos, y no saben hacer programas para grandes masas? Bufff.

No quiero ser tan negativo respecto al futuro, al menos quiero daros una chispita de esperanza. Las cadenas pequeñas cada vez tienen mejor calidad de público, que no es otro que el que va saliendo rebotado de las generalistas. Si la tendencia se mantiene, pronto podrán ir produciendo cosas pequeñas sin renunciar a la rentabilidad (Museo Coconut) y con respecto a las grandes, siempre hay un hueco por el que se cuela un Smart -que no aparecía como coche deseado en ningún estudio de mercado- pero que alguien, sin datos pero con astucia y perseverancia, se llevará poco a poco cual flautista de Hamelín, a una gran cantidad de público de calle. Le harán fotos y portadas. Y entonces, todos los demás llamarán a todas las productoras del mundo pidiendo smarts. La historia de cameracafé se volverá a repetir y de nuevo nadie habrá aprendido nada.