El perrito Ganador

Esto no es un programa de la RAI, ni una idea enloquecida de algún canal digital para emitir de madrugada. Esto pasa en el mundo real y la gente se presenta con “eso” al concurso. La pregunta que me hago es que si un cuidador de perros prepara, limpia, entrena, adecenta y abrillanta a su perro para un concurso de perros guapos, ¿Que harán los amos de estos pobres canes para preparales antes del concurso? No lo quiero ni pensar. Eso sí que sería un buen programa de madrugada, su protagonista: El animal (el de dos patas).

Faster faster Tura


MSN SEXO TANTRICO (haz click para ver video)

 

 

Mira que se me hace cuesta arriba esto de creer en Dios, ¿lo veis?, hasta lo pongo con mayúscula como si fuera el nombre de alguien de verdad. Y me cuesta más si cometo la torpeza de meterme en alguno de los actos protocolarios de su iglesia. Hoy estuve despidiendo a Juan Arboleya, ese Tierno y entrañable Sancho Panza que tantos momentos buenos nos ha hecho pasar, y lo hice, como es lógico, dentro del protocolo elegido por alguien de su familia. El consabido tanatorio con su típica capillita y su no menos típico cura mirando de reojo la chuleta cada vez que tenía que incluir en su verbo el nombre de Juan. No voy a criticar esta elección porque doy por supuesto que en momentos de dolor, no estás para pensar nada y menos para ser original, pero fue lo que fue y lo que ha sido siempre: Un acto sórdido, frio e impersonal, que para despedir a cualquier otro, un notario, un callista, pues bien, pero es que precisamente con Juan allí, la cosa chirriaba un poco. Mientras desatendía el rezo,  me lo imaginaba mirando aquello indignado, “¡pero coño un choricito, unos taquitos de queso, unos culines de sidra joder!!” Mirar si ha sido triste que ni siquiera el cura se ha pegado el chupito de vino. Ahora que con el ambiente apostático que había, más le valía meter la directa y salir de aquello cuanto antes.

Pero hoy, el cuerpo me pide abrazar la fe católica, sus santos, sus ritos y sus recompensas. Hoy quiero ver  a Juan subiendo por la escalera plateada (pido de antemano perdón por mi suprema ignorancia en los materiales nobles de los que está hecho el cielo), con San Pedro esperándole impaciente en todo lo alto. Aunque Juan lleva ya unas cuantas horas allí, no ha conseguido ni llegar a la mitad del primer rellano celestial. No había caido que para las escaleras, sean de lo que sean, las ruedas son un engorro más que una ayuda y le está costando un potosí subir dando vueltas a su enorme fly-case, que viene a ser como el baúl de una folklórica, en tamaño, porque en peso este puede ser diez veces más.  Todos los que le conocemos sabemos lo que lleva dentro, y no es libiano. Alguna vez nos lo abrió para pedirnos un favor o para recompensarnos, o como en mi caso, para pedirme perdón. Nunca olvidaré aquella lata de fabes con calamares en su tinta. La sacó del fondo y la limpió como quien limpia un tesoro que ha guardado para un momento especial. Aquél lo era. El me apreciaba y había sentido que me fallaba. Una tontería, pero gracias a ella vivimos aquel momento tan especial. Sobraron las palabras, me entregó la lata y me dió un apretón de manos. Las fabes con calamares en su tinta sellaron para siempre nuestra amistad.

Pero ¿Que pasará cuando dentro de unos dias celestiales (que no sé si son los mismos que aquí) llegue por fin ante San Pedro con su pesada carga. Lo primero, supongo, sentarse a coger aire, despúes, ya os lo imagináis todos los que habéis visto el anuncio de George Clooney. Un pequeño gesto de San Pedro con la mano, será suficiente para entender lo que quiere: “Que hay de lo mio”  Y juan sonreirá generosamente, abrirá uno a uno los candados de su baúl y meterá la mano hasta el fondo con el gesto de quien sabe regalar y lo disfruta. Pero la cara le puede cambiar, y con la suya la de San Pedro. No quiero ni imaginarme que aquella lata, aquellas fabes con calamares en su tinta, estuviesen allí guardadas para otro momento.

Entra dentro de lo posible, que Juan, como George Clooney, tenga que volver a por una lata de fabes con calamares en su tinta, así que si alguien le ve, decirle que se ha marchado sin despedirse. Sin despedirse como a él y a nosotros nos gusta. Con unos culines de Sidra, sus taquitos de queso, su buen jamón y un gaitero dándole vueltas a un puchero de Fabada, todo con las risas de Arboleya de fondo. San Pedro puede esperar Juan, antes estamos nosotros.

Que miedito

Acabo de ver una reconstrucción histórica de Ruth volviéndose a mirar a Egipto y convirtiéndose en estatua de sal, y me ha recordado mucho a alguien, pero no sé a quién.

No importa, sigo. No sé si compartiréis esta humilde opinión, pero me parece que la crisis está provocando algo mucho peor que la destrucción de nuestro lastimero tejido industrial. Está provocando miedo, que es justo lo contrario de valentía, sinónimo de atrevimiento, innovación, riesgo, imaginación… valores muy exportables de los que carecen muchos otros pueblos y que a nosotros nos salen por las orejas. O nos salían. Estoy seguro de que afecta a todos los sectores y trabajos, pero como siempre, donde primero se asoma es en la publicidad, fiel y rápido termómetro de nuestra salud.

Al grano: Donde antes había una negativa de una agencia a llevar a la pantalla cualquier idiotez que trajera el cliente, porque contentaban a ese cliente pero espantaban al resto, hoy un cliente es un cliente y puede que además sea el único cliente, o El CLIENTE a secas. ¿Quien es el guapo que, con la que está cayendo fuera, le dice a EL CLIENTE que se meta entre sus posaderas una idea que trae con ese inocente entusiasmo tan propio  de los clientes? ¿Y si efectivamente de hacer, o no, esa mierda dependieran todos los puestos de trabajo de una agencia en pleno escorado horizontal rollo Costa Concordia? ¿Y si además esperan que el resto de clientes y compañeros de profesión entiendan que era o eso o muerte?

Todas las preguntas conducen a un leve asentimiento de cabeza ¿no es cierto?. Probablemente poniéndonos en el pellejo del director de la agencia lo entenderemos mejor.  Todos contentos entonces: El cliente le dice a su señora y a su cuñado que en la agencia le han comprado la idea. ¿Si? contestará encantada ella ¿Y han visto el vídeo? ¿Que han dicho? ¿Se puede hacer igual? se aturullará la señora intentando imaginarse las caras de asombro de los creativos viendo el vídeo de un bebé moviendo las caderas en 3D igualito que su sobrina-nieta Yoli. Aclaro aquí que el concepto “3D”, como lo de “Anónimus”, da para mucho, desde “Las lágrimas de Avatar” hasta un emoticono potando. Lo que decía, todos contentos: En la agencia el director le dice a su gente que van a salvar el mes con lo que no hay despidos a la vista, los creativos, que ya andaban metiendo sus cosas en cajas, no tienen que currar, solo que tragar.

¿Todos contentos? No por dios, todos no. Un nutrido grupo de valientes está al otro lado del televisor, no perdonamos ni perdonaremos nunca ese miedo. Porque somos nosotros los que tenemos que aguantar, por diezmilésima vez desde que se inventó internet,  a un bebé bailando como María del Monte, o a otro imitando al baile del niño de La Máscara 2, o por millonésima vez desde que se inventaron los famosos, la impávida efigie de Nadal saliendo a cagar, perdón cerrar, un buen número de buenos anuncios como si fuera una… Ya está. Ya se a quién me recordaba Ruth volviéndose a mirar Egipto.

Nuestros gérmenes

Acabo de enterarme que Pato WC no va a anunciarse en La Noria.  Por una vez no voy a ser fiel a mis principios, que en realidad es uno: No dejes pasar jamás la oportunidad de hacer un buen chiste.  Y no lo voy a hacer, no por deontología profesional, que no sé lo que es, sino porque de puro fácil el chiste es malo.

No creo que esto que está pasando sea nada bueno. Y para analizarlo, que no es fácil, hay que empezar por desligarse del desgarro y del hedor del caso en cuestión, de la madre, del niño y de la ralea de gente sin escrúpulos que deambulan por él. Es indispensable verlo con distancia perdiendo el foco de sus protagonistas.  Me refiero al hecho concreto de que la publicidad decida qué programas, o qué contenidos son los adecuados para sus anuncios. O qué tono debe tener un chiste para que no ofenda al amplio target del anunciante, o que noticia no debe de ir tras un anuncio en un diario digital. Mal  camino. La publicidad, me consta, es temerosa. Lo sufrimos quienes trabajamos en ella. No le gustan los riesgos, y lo entiendo, pero hasta ahora la publicidad se había desligado de los contenidos. Ningún espectador, hasta ayer se fijaba en los anuncios que salían en un determinado corte para valorarlos respecto al programa en el que se incluían. Era algo que todos, espectadores, productores y anunciantes dábamos por bueno, y no funcionaba mal. Tu haces un determinado programa, con un target determinado y unas cifras de espectadores y las centrales de medios posicionaban ahí sus anuncios porque ahí estaba su gente. Todo lo demás pertenecía al criterio de la cadena, si pierdes público el anunciante se irá y si tu target cambia, también. Estas eran las reglas y no escrito en ellas estaba que los bloques publicitarios son terreno neutral.

Una cierta predilección por una cadena, entendida como grupo político-socio-cultural, no es mala, pero nunca esa querencia ha pretendido influir.

Si, abierta esta herida, se da por bueno que los anunciantes elijan tonos, contenidos o programas, nos llevará irremediablemente a que sea el anunciante quien, en última estancia y aunque sea indirectamente, dicte las normas editoriales de la producción televisiva, y sea finalmente el miedo a molestar el que nos deje una caja realmente tonta y anodina.

Vaya por delante que presionar las heridas todavía abiertas para conseguir audiencia, me parece sórdido y feuno, esta y todas las veces anteriores, pero pienso que en canales privados, el camino para erradicar eso es no viéndolas, y si es ilegal denunciándolas y si nos parecen deprorables, deprorándolas, y en nuestro caso proponiendo otras opciones viables a las cadenas, pero la asfixia de guante blanco me parece, cuanto menos, peligrosa. Hemos tenido momentos televisivos parecidos a la mamá-cuco y se armó la marimorena, pero la publicidad no entró a juzgar. Y a nadie le extrañó que no lo hiciera, porque ente otras cosas, y no me acuerdo de quién lo dijo, si juzgas puedes ser juzgado. Yo ahora mismo les estoy juzgando, (al tiempo que me quedo sin trabajo), pero es que abierta esta caja de Pandora, muchos pequeños seres como yo pueden  empezar a juzgarlos por salir en tal o cual programa. Mal camino. Creo que la publicidad no puede, ni debe exponerse a eso.

No sé si el asunto tiene vuelta atrás, pero si yo fuese cualquiera de las partes, silvaría, me metería una mano en el bolsillo y con la otra señalaría una grulla o un avión volando. Para distraer.  Si la publicidad gana, pierde, y si Telecinco da un paso atrás en ese órdago, perdemos todos, no ya la Noria, perdemos la libertad de ver lo que nos de la gana, la libertad de contar, la libertad de reírnos, la libertad de criticar y otra libertad que como les pasa a los políticos últimamente, no recuerdo.

Nunca he visto la Noria, ni el DEC, ni Sálvame, pero no quiero ni por un momento pensar en que un anunciante retirara sus anuncios de cameracafé porque hubiésemos hecho un chiste de algún tema sensible para el anunciante, y al final Telecinco tuviese que “corregir” los guiones de la serie con el visto bueno del anunciante. ¿Qué hubiera pasado en este caso? ¿No nos habríamos levantado todos en armas contra la censura? ¿No hubiéramos pedido todos, industria y telespectadores, a Telecinco que ni un paso atrás? ¿Cuál es entonces la diferencia? ¿La limpieza del producto? ¿La suciedad de la entrevista? ¿Y quién marcará los límites de porquería?

Aquel anuncio genial.

Ayer un famoso humorista español me contaba la anécdota de que trabajando en un pueblo, se quejó al alcalde porque “Los hijosdeputa de los niños” no le dejaban trabajar. El alcalde levantó el dedo y le dijo. Cuidado chaval que esos hijosdeputa son nuestros hijosdeputa. Por el mismo precio, valga esta anécdota también para que los ciudadanos votantes puedan decirle a los mercados que cuidado porque ese Berlusconi era nuestro Berlusconi y, trayéndolo por los pelos, para poder cerrar elegantemente la diatriba, les diré con muchísimo respeto a los señores de Pato WC, que cuidado, porque estos gérmenes son nuestros gérmenes.

 

Bueno. Ya se me va pasando.

¡Qué sofoco por dios! Siento mucho escribir esos ladrillakos en el blog, pero es que uno tiene su corazoncito y hay cosas que duelen.

Y además, ya se tiene una edad para saber que estas cosas pasan , y mira que hemos oído veces eso de que para aliviar un golpe lo mejor es otro en el mismo sitio, pero que hasta que no te pasa no te das cuenta que eso sólo era un chiste. Y que duele igual o más y que gracia tiene la justa. Como mis pelis: humor negro tan negro que no te ríes.

Pues hoy hasta me hace gracia. Eso es buena señal. Ya he recuperado el sentido del humor y pido perdón por haber destrozado la parada, incendiado el autobús, agredido al vigilante jurado, insultado a esa señora, arrancado el peluquín al caballero, por no haber dado propina al taxista y por haberle pintado un bigote a la Esteban en la tele de plasma de El Corteingles.  Ahora que estamos demostrando que los españoles sabemos guardar las formas, voy yo y la cago. No he metido lo del ladrillako del blog entre los actos bandálicos, porque no habiendo denuncia, supongo que las quejas sólo son por su extensión y no por su contenido. Prometo ser más breve en lo sucesivo. (A ver cuantas palabras llevo. mmm bsss…) ¡Uy, ya estamos otra vez! ¡Y todavía me queda des-ofender de lo del cámera a los ofendidos.  Si es que no tengo arreglo. Bueno, resumidito:

No hice (No hicimos) Justino 2 por no ser pesados. Ojo que no tengo nada con los que hacen segundas partes, pero a mi no me suelen gustar. Ya sé que no se ha planteado en estos terminos, pero si hubiera sido así, yo hubiera dicho que no. Traduzco: Yo no habría hecho el cámera otra vez, ni conmigo ni sin mi. Tampoco le hubiera dejado morir tan prematuramente, ya lo sabéis, pero, al ritmo que se programaba,  no hubiera durado más allá de una, como mucho dos temporadas más. Conociendo el producto, la solución que planteé en su momento y en la que casi nadie creyó, pensé que era la más apropiada. Puede ser que por quitarme la espinita, pero todavía hoy sigo pensando que esa era la mejor solución para poder hacer tres o cuatro temporadas más. Iluso de mi.

Dicho esto, estoy de acuerdo en que efectivamente, si el cámera tiene alguna posibilidad es diferenciándolo.  No me desdigo de lo dicho en la entrada anterior ojo, dije que en este caso el traje (formato o fórmula) no es garantía de éxito, lo sabemos por muchos países, incluido el nuestro, y que fue la gente (también su buena programación admito) la que le hizo triunfar .  Como esa gente ya no está, es obligado cambiarlo y que otra gente con otra idea pruebe suerte. Duele pero es así. Y reconozco también, esfuerzo de contricción importante, que era previsible que no queriendo hacer el cámera de nuevo, hubiera movido Roma con Santiago para hacer mi propuesta. Previsión acertada. Fijaros que hasta entiendo los modos, por feos que parezcan, porque si hubiera tenído la más mínima oportunidad, hubiera luchado por mi propuetsta. Lo veis, desgraciadamente estábamos condenados a no entendernos. Y en un mundo tan pequeño, es toda una faena, porque ahora me siento como el que vi¡ve  alejado de la city pero es feliz porque tiene un centro comercial al lado, y un día, el único panadero del centro decide que todos los días le va a estampar la chapata en la cara. Y ahí le tienes al hombre que ya se ha hecho a ello y diariamente viene con su chapata y su cara llena de harina. Y es feliz.

Nada más. Que siento y pido disculpas por el calentón y espero que se entienda dentro de su contexto. Cinco años de entrevistas ponderadas deberían contrapesarlo.

Fue dura la lucha para arrancar el cámera y lo fue, no tanto con la cadena, sino con las personas que afirmaban tener la fórmula del éxito. Las guerras desgastan mucho, pero creo que es justo que ambas partes tengan la opción, en algún momento, de demostrar su razón.

Buff. Qué dificil es esto de la tele por dios.

PD.: Había gente muy buena en el equipo que harán su trabajo tan bien como antes y que no tienen porqué pagar mi intesidad.

« Older entries